Tuesday, September 16, 2014

Lo escrito de origen

El último párrafo de la nota ¿Textos que hablan? alude a un considerable esfuerzo aún por hacer en cuanto a indagación en crítica textual. Por supuesto, eso aplica con especial énfasis para cualquiera de nosotros que, sin ser especialistas, tenemos interés en formarnos una conciencia más amplia de lo que implica tener algún contacto con textos antiguos o con textos fundacionales de cualquier disciplina; aun cuando ese contacto sea indirecto y se limite a comparar lo que publican los especialistas, es decir los que sí tienen acceso y contacto directo con manuscritos antiguos, o tienen los recursos para leer directamente aquellos textos fundacionales.

Tal esfuerzo no es otro que aquel requerido para indagar críticamente cualquier otro asunto de la realidad, y para intentar distinguir entre conocimiento y mera opinión. Tan sólo al declarar un interés por el ‘conocimiento’ en contraste con la ‘mera opinión’ ya queda implícito, como prerrequisito mínimo, el esfuerzo para adquirir familiaridad con la historia de la epistemología y de la gnoseología, así como con el cultivo de la curiosidad científica y del asombro filosófico. De otro modo, sin esa familiaridad, sin esa curiosidad y sin esa facultad de asombro, se explica muy bien por qué alguien pudiese albergar la opinión de que es estéril poner esfuerzo alguno en un asunto en donde ya todo está por completo determinado, finalizado y sobre el cual no hay nada nuevo por decir ni descubrir.

El ejercicio de la crítica textual se hace relevante en la medida en que nos preguntemos por lo escrito de origen sobre algún tema. Por ejemplo, ¿qué es lo que realmente fue dicho por Winston W. Royce, en 1972, sobre la efectividad de un proceso lineal para su modelo de producción de sistemas informáticos en su texto «Managing the development of large software systems». ¿Cuáles fueron realmente las palabras escritas por el o los autores de los textos que ahora se conocen como Nuevo Testamento? ¿Cuáles fueron las palabras de Lucrecio en su poema «De rerum natura (Sobre la naturaleza de las cosas)» y cuáles han sido sus interpretaciones más disímiles a lo largo de los siglos? ¿Qué escribió realmente el sociólogo Max Weber en el texto «Economía y sociedad» y qué agregó Marianne Weber después de haber muerto su marido, y por qué lo hizo?

Sunday, September 14, 2014

Tradición oral y rigor

En una reciente conversación con un querido amigo surgió de su parte una cita bíblica, lo cual me hizo recordar lo que proponen algunos historiadores sobre ciertas peculiaridades de las tradiciones orales antes de convertirse en tradiciones textuales como parte del proceso de formación de lo que ahora conocemos como Nuevo Testamento. La cita era una contestación de Jesús en uno de sus diálogos con Poncio Pilato, pero la cita no era literal sino un parafraseo. Más tarde cotejé el griego koiné consensuado y también varias exégesis. El aludido diálogo entre Jesús y Poncio Pilato aparece en los cuatro evangelios, el diálogo conserva similitud en los sinópticos, pero en Juan es más extenso y es el único donde encontré algo como lo mencionado en nuestra conversación. En Juan 19:10 Pilato menciona que él tiene el poder para o liberarlo o condenarlo, y en Juan 19:11 Jesús contesta que si Pilato tiene alguna autoridad es porque se le otorgó de arriba. La contestación de Jesús citada por mi amigo fue: "Todo está dispuesto y no puedes cambiarlo.", lo cual resulta un parafraseo con muy grandes libertades. Nuestra conversación fue informal y no hay por qué exigir rigor alguno para citar con precisión, pero me pregunto en qué medida esa conversación podría contener algo de lo sucedido en las tradiciones orales antes que se redactaran los textos autógrafos en papiros y pergaminos hace más de dos milenios.

En filología, la disciplina llamada «crítica textual» está dedicada a la investigación de esas tradiciones textuales. Uno de sus objetivos es establecer cuál podría haber sido la redacción “original” de textos antiguos. Hay varios métodos para aproximarse a ese objetivo, uno de ellos es el método histórico-crítico, el cual aporta datos históricos para asistir a los exégetas en su ejercicio hermenéutico. Una de las teorías histórico-críticas con no poco soporte propone que todos los evangelios canónicos son textos anónimos, y que el cuarto evangelio canónico, el atribuido a un tal Juan, fue redactado cerca del fin del primer siglo (alrededor del año 90-95 EC); entre 60-65 años después de los supuestos acontecimientos en su narrativa. ¿No da mucho para pensar el que ese texto capturara más detalles del diálogo entre Jesús y Pilato en comparación con los tres evangelios sinópticos, siendo que estos quizá fueron redactados aproximadamente 25 años antes que aquel?

¿Textos que hablan?

¿Los textos “hablan” por sí mismos? Es decir, ¿un texto obliga alguna interpretación en específico o, más bien, permite diversidad interpretativa? Si el texto hablase, ¿quién habla cuando leo?, ¿con quién dialogo en la privacidad de mi mente mientras leo?

Según autores en neurociencias, así como no pocos filósofos de la mente, en la percepción no hay otro testigo excepto uno mismo: percibir es presenciar una serie de vívidas escenas mentales desde un graderío de un solo asistente. No hay manera asequible ni de saber ni de comunicar si el rojo que usted percibe es exacta y precisamente el mismo rojo que yo percibo, lo mismo con el dolor, el sabor y demás llamados qualia –cualidades subjetivas de la experiencia individual. Por supuesto, la ciencia experimental logra un tipo de objetividad basado en intersubjetividad, pero por ahora no hay manera de asir con firmeza una explicación objetiva de la cualidad de la sensación en la mente consciente. Por ejemplo, con experimentación es posible verificar que el ojo humano puede distinguir un gran número de tonos del mismo color, sin embargo no hay suficientes palabras para poder comunicarlos objetivamente. Por lo que no hay manera de evitar por completo lo inefable de nuestra percepción; es decir, lo incomunicable, y que en muchos casos es lo que realmente importa de manera personal.

Si la experiencia directa individual del aquí y del ahora conlleva aspectos relevantes e inexpresables, cuán mayor inefabilidad habría en la transmisión textual aún si el autor estuviese a lado nuestro mientras leemos para asistirnos en la interpretación; cuánto más si la composición del texto tiene décadas, siglos o milenios de haber ocurrido.

Leer un texto es leerse a uno mismo; como lo dice Marcel Proust: «cada lector, cuando lee, es el propio lector de sí mismo.» Por eso es tan relevante la lectura crítica, para hacer delicadas distinciones entre los aspectos subjetivos propios y los aspectos intersubjetivos externos a nuestra propia vida mental, para distinguir lo que sólo está en mí y lo que está afuera de mí, para distinguir una interpretación subjetiva, relevante e inefable y lo que son hechos intersubjetivos en forma de interpretaciones compartidas.

Hay muchos tipos de hechos intersubjetivos: hay hechos físicos, psicológicos, sociológicos, históricos, aun hechos religiosos y teológicos, así como hay hechos estéticos e incluso hechos místicos, etc. Lo importante es mantener en continua revisión los criterios que sustentan tales categorías, y evitar confundirlos entre sí de manera permanente. Un frecuentado ejemplo es el hecho físico, evidente a la percepción en la experiencia directa, de que la Tierra no está en movimiento ni gira alrededor del Sol; tal hecho fue una interpretación compartida por muchos en el pasado, pero de ser un hecho físico pasó a ser un hecho psicológico histórico (es decir, es un hecho histórico que mucha gente mantuvo esa mentalidad en épocas pasadas).

¿Quién o qué articula las palabras y los enunciados que leo en un texto? ¿No acaso en esa articulación ocurre una inherente y sutil cooperación entre autor, medio de transmisión y lector, tal que un desentono contextual menor o mayor puede causar interpretaciones diferentes? La lectura como proceso ocurre sobre el resbaladizo terreno de la comunicación humana. Por eso una lectura crítica implica no poco esfuerzo pues hay mucho por verificar antes de proponer una interpretación o exégesis de un texto; por supuesto, entre más tiempo y distancia cultural haya entre el autor y el lector más complejo y relevante se hace ese esfuerzo.

Hay mucho por indagar sobre ese esfuerzo de lectura crítica de textos, en la historia de la lectura hay no pocos ejemplos de un solo texto pero con gran variedad de interpretaciones, y de no menos complejidad en las consecuencias de dichas interpretaciones. Hay mucho por indagar sobre el importante papel que tiene la crítica textual en el ejercicio de la hermenéutica y la filología.

Sunday, August 31, 2014

El texto bíblico “original”

 

El realismo científico asume que sí hay un mundo real afuera de la mente del sujeto pensante, y que tal mundo está habitado no sólo por entidades naturales (descartando lo sobrenatural) sino sólo por entidades materiales concretas (descartando entidades abstractas e inmateriales). El realismo científico propone la posibilidad de conocer tal mundo exterior a la percepción humana. Dicho supuesto ha pautado notables aproximaciones al entendimiento de la realidad natural de ese mundo, pero una epistemología autoconsciente de los excesos por soberbia intelectual no deja de insistir en el carácter provisional de esas aproximaciones.

Asimismo, la crítica textual asume que, en alguna medida, es posible determinar el texto original de manuscritos antiguos, seculares o religiosos, pero con carácter aproximado, corregible y mutable con base en la evidencia disponible. Para el caso de manuscritos antiguos, tal evidencia consiste en fragmentos de los textos y copias de los mismos hechas durante el correr de los siglos.

La tarea del crítico textual, entonces, incluye examinar la evidencia disponible para luego sopesar la medida o la coherencia en que una aproximación propone un probable texto original. La dificultad fundamental, por supuesto, radica en sostener una conclusión cualquiera cuando no se tiene el texto original contra el cual contrastar cualquier propuesta —lo cual es el caso, por ejemplo, de todos los manuscritos del conjunto de textos del Nuevo Testamento; es decir, no se cuenta en la actualidad con ningún texto autógrafo (manuscrito original) de la biblia cristiana, todos se han perdido en las arenas del pasado.

El crítico textual del Nuevo Testamento tiene una enorme responsabilidad pues no pocas ideologías religiosas cristianas ponen a tal conjunto de textos como en un altar para hacerlo objeto de adoración y veneración con carácter de sagrado e inerrante; es decir, como si fuese fijo, incorregible e inmutable.

La responsabilidad del crítico textual neotestamentario incluye, además, una clara divulgación tanto de la relevancia de su tarea como de los conceptos básicos de la misma. Su responsabilidad resulta aún mayor cuando se contempla el apabullante analfabetismo histórico-religioso que impera en numerosas congregaciones cristianas que irónicamente se dicen ser bastiones del cristianismo pero que, en los hechos, resultan ser guardianes de la ignorancia y del fanatismo: henchidos de certezas, ultraconservadores de un supuesto monopolio del cristianismo.

El crítico textual neotestamentario tiene en sus manos la posibilidad de aportar a la edificación de cristianismos más incluyentes, menos temerosos de la otredad. Este crítico es uno de los profesionales de la filología quien más conciencia tiene de la ausencia de un único, preciso y unánime criterio para determinar lo que podría llamarse “un texto original” bíblico. El crítico textual neotestamentario investiga y hace públicos los datos fácticos de la realidad histórico-crítica de los textos del Nuevo Testamento. Por ejemplo, que la redacción original parece haber ocurrido en griego, durante los años 60-70 para el caso de los textos canónicos más antiguos, y durante los años 85-95 para los canónicos posteriores; que los cuatro evangelios canónicos son de autores anónimos y que tales autores no sólo no eran pescadores o campesinos iletrados sino que contaban con una considerable formación literaria como para poder componer en griego koiné –griego helenístico–; y tantos otros hechos histórico-críticos que al ser ignorados dejan al cristiano fervoroso en una lamentable posición de mero entusiasmo analfabeta.

Los textos neotestamentarios antiguos contienen una gran variedad de conceptos útiles para un cristianismo actualizado, pero su realidad textual no justifica una sola interpretación “oficial” o institucional sino muchas y variadas interpretaciones, tantas como necesidades actuales y personales haya. La realidad textual de los libros del Nuevo Testamento ofrece un amplio espacio interpretativo, donde hay lugar para las interpretaciones de aquel interesado en lograr mejores y más incluyentes cristianismos.

Preguntémonos ahora juntos, amable lector, ¿por qué importa la crítica textual?

Tuesday, July 15, 2014

No mentir con el literalismo textual

Por fortuna, algunos teólogos contemporáneos sí hacen un intento por divulgar su trabajo con claridad. Por fortuna, algunos de ellos no son del corte fanático que pretende apropiarse de toda la verdad y de toda la razón para el exclusivo uso de algún partido religioso, sino que hacen estudios en religión comparada. Por fortuna hay teólogos como William Willimon, en las ramas del protestantismo, o Karen Armstrong, o Albert Biesinger, en las ramas del catolicismo, que divulgan perspectivas distintas a las propias de la primera infancia de no pocos de nosotros adultos.

Como algunos saben, uno de mis proyectos personales de indagación es desarrollar una teoría teológica liberal, libertaria y libertina, así que no reparo en consultar fuentes diversas. Hace algunos días, en la librería de la Parroquia Emperatriz de América, de corte católico conservador, me topé con este libro de Albert Biesinger, teólogo católico egresado de Tubinga y Friburgo, Alemania. En este libro, entre otros similares, se puede constatar la riqueza de teologías basadas en interpretaciones no literalistas de textos antiguos veterotestamentarios y neotestamentarios.

Thursday, July 10, 2014

¿Qué creemos leer?

Leer un texto y lograr una interpretación de lo que se lee. ¿Acaso eso es el resumen de un aspecto capital de los sistemas educativos en la cultura humana? La introducción a un tema, por ejemplo, religión o economía, suele consistir en familiarizarse con las interpretaciones más comunes que otros han hecho de algunos textos notables sobre tal tema. Esas interpretaciones comunes dan forma, en parte, a nuestras propias opiniones del tema en cuestión. Sin embargo, como parte del proceso de madurez de una persona, y en función de su madurez interpretativa, esas interpretaciones comunes suelen ser cuestionadas ante la luz de una indagación propia y una lectura directa de los textos fuente de las nociones prevalecientes.

La destreza en crítica textual, entonces, se hace muy relevante para ese proceso de maduración interpretativa; tanto más relevante cuando se han constatado las condiciones textuales de las obras consideradas fundacionales para algunas teorías religiosas o económicas –siguiendo con los mismos ejemplos.

Las condiciones textuales en las que nos llega el Nuevo Testamento, o en las que nos llega Economía y Sociedad, de Max Weber, no son condiciones como para justificar certezas interpretativas sino para ejercer la crítica textual individual. ¿Qué leemos en cada caso? Para el Nuevo Testamento, ¿leemos las palabras de una deidad o las palabras de un conglomerado de voces discordantes a lo largo de los siglos? Para Economía y Sociedad, ¿leemos las palabras de un erudito sociólogo o las palabras de Marianne Weber?

Sunday, June 1, 2014

¿Cristianismo puro?

Kip McKean sí sería un cristiano verdadero. También lo sería, por ejemplo, digamos, Douglas Jacoby o William Lane Craig o Billy Graham o Joseph Ratzinger, como también lo habrán sido Jim Jones o David Koresh. Por lo menos todos ellos afirman, o afirmaron, que lo son. Sin embargo, cada uno de ellos, a decir por sus doctrinas oficiales, podría juzgar al otro por no seguir tal o cual aspecto de un supuesto “cristianismo puro”, pero, ¿cuándo la diversidad de creencias y la heterodoxia han sido obstáculos para no ser un cristiano verdadero?

Claro, la ortodoxia cristiana en turno no tomaría como ‘cristianismo verdadero’ a su correspondiente heterodoxia en turno, pero eso ha sido precisamente un rasgo perenne en la historia del cristianismo como conjunto polifacético de ideologías religiosas –a decir por la historia y contenido de los textos cristianos antiguos. Es decir, desde afuera de esta multiplicidad de ideologías conocida como ‘cristianismo’, no parece haber otra conclusión más que aceptar la afirmación que cada uno ha hecho de sí mismo: todos son cristianos verdaderos y todos siguen un cristianismo puro. No encuentro razón alguna para impugnarles nada en ese respecto.

Por lo tanto, no hay justificación para acusar a ninguno de ellos por ser realmente un “enemigo de la cruz de Cristo”.

Si con esa acusación se pretende hacer un juicio moral, entonces el asunto de fondo es otro por completo diferente, no un asunto de “pureza ideológica cristiana” sino un asunto que debe pensarse con los conceptos y las teorías de la filosofía moral (ética).

El fenómeno social que representan estos así llamados “líderes” es un objeto interesante de estudio para mí, un fenómeno donde el cristianismo juega un papel relevante. Una parte de su relevancia consiste en que entender mejor a las ideologías cristianas ayudaría a entender mejor algunos hábitos en nuestras culturas, en particular: los mesianismos.

Mesianismo entendido como el abandono y sumisión de la libertad propia, y de la capacidad para pensar propia, para voluntariamente entregarlas a los pies de otro, que también usa el baño esencialmente igual que uno, pero que se le otorga una especie de potestad o superioridad sobre uno. Así, son los que abandonan sus facultades propias, los seguidores, los que edifican a sus líderes mesiánicos. Ya sea Kip McKean o Douglas Jacoby o William Lane Craig o Billy Graham o Joseph Ratzinger o Jim Jones o David Koresh serían simples individuos a no ser por sus fanáticos seguidores; por ejemplo: http://www.kipmckean.com/.

Una amplia reflexión histórica sobre los fanatismos y sobre los mesianismos en las comunidades cristianas contemporáneas implica contemplar, e intentar explicar, los hechos observables en los movimientos religiosos a lo largo de su devenir. Un ejemplo de esos hechos son las escisiones en la historia de los cristianismos y de aquellos movimientos que intentan reavivar algo que quizá nació muerto: el supuesto “cristianismo puro”. Por ejemplo:

www.icimc.mx

www.icmar.org.mx

www.kipmckean.com

icoc.org

Las escisiones han sido comunes en la historia de las comunidades cristianas desde sus inicios. Un factor causal de esas escisiones son los textos que tales comunidades toman como base para sus creencias y para su ambiente moral específico. Es decir, el contenido mismo de los textos no representa un cuerpo unificado y de integridad conceptual sino un conjunto diverso y discrepante de múltiples ideologías religiosas. Esos textos contienen múltiples capas superpuestas de significados añadidos a lo largo de sus no pocos siglos de historia textual. Entonces, en parte, las comunidades cristianas se escinden porque sus textos fundacionales están escindidos de origen. Cuando las comunidades cristianas –o sus líderes, en realidad– toman sólo fragmentos de sus textos entonces están tomando, sean conscientes o no de ello, el camino de la escisión.

Tan sólo, por ejemplo, la idea de “Palabra de Dios” refiere a múltiples significados, hay quienes afirman que corresponde al texto mismo, otros niegan eso y afirman que corresponde con una de las personalidades de Jesucristo, otros niegan lo anterior y afirman que corresponde a lo que dicte la tradición interpretativa dominante, etc.

Otro ejemplo de una idea con múltiples significados es la idea “Reino de Dios”. Las explicaciones, desde su esquema general hasta sus detalles, varían en función de la teología de cada comunidad cristiana. Por ejemplo, algunas teologías afirman que el “Reino de Dios” es igual a una iglesia o congregación particular de cristianos, pero esa afirmación es muy problemática si se toma de manera literal pues, según algunos textos bíblicos antiguos, en el “Reino de Dios” ya no hay dolor ni enfermedad ni sufrimiento ni muerte, y dado el hecho histórico de las escisiones en las iglesias cristianas, entonces tal afirmación se derrumba por incongruente.

Después de más de veinte siglos de escisiones en la historia del cristianismo, quizá pueda justificarse la conclusión de que nunca ha existido un “cristianismo puro” ni unificado. El proyecto para lograr “pureza ideológica” en el cristianismo es un proyecto fallido. Un proyecto con resultados trágicos si consideramos el nivel de cerrazón que suele provocar en las personas que lo emprenden.